Una sociedad puede también convertirse en un producto, como pasa con la americana, que está repleta de estereotipos no siempre reales. Las exageraciones de familias superfelices con supercasas superordenadas pagadas con el sueldo de un supermarido que trabaja en un supermercado no deja de ser irreal. Pero bueno, a veces hay que venderse y dar publicidad falsa. Por suerte para los Estados Unidos, la sociedad no está considerada un producto, porque sino estarían de demandas hasta el cuello.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
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